Mía

Es un cuentillo que tenía por ahí. Espero que les guste.

Fue cuando volví a abrir los ojos… apenas podía respirar… quería levantar mis manos y sentir mi rostro, intentar consolarla pero solo escuchaba sus gritos… lloraba… ¿por qué lloras? ¿Qué es lo que te hace llorar? Quería abrazarla pero no podía moverme, entonces apareció… ¿qué hace él aquí? ¿Qué pretendes con ella? ¿Por qué me miras de esa forma? Entonces, como con un grito agudo, me miró asustado. ¿Qué está pasando? Miré al techo, para ver el espejo de este… no estaba completo… mi cabeza era lo único que estaba reflejado en el espejo… ¿y eso rojo? No puedo moverme… no siento mi cuerpo… El espejo… ¿está roto el espejo?


-Está degollado…-tartamudeo ella- su cuerpo fue… fue… -no escuchaba, todo se perdía… ¿Qué paso? ¿Cómo ocurrió esto?

Solo vi una sombra salir del cuarto que me arrastraba cuando me di cuenta estaba en un lugar oscuro, sentí que estaba asfixiándome. ¿Qué? ¿Qué está pasando? Una luz se ilumino hacia una puerta, pude moverme y correr. Seguí la luz, tenía que regresar antes de que ella me traicionara de nuevo. Corrí lo más rápido que pude, corrí, corrí tan rápido que mis pies sangraron. Esto es más de lo que puedo hacer por ella. ¿Por qué no lo ve? ¿A caso me odia? 

Seguí corriendo hacia la puerta pero cuando iba a tocar esa luz fue como si cayera a un hoyo, caía, caía, caía como si jamás tuviera fin. Seguí corriendo, corriendo y corriendo. Cada vez más me faltaba el aire, sentí que moriría asfixiado cuando azoté de golpe al piso, al fin, piso pero… cuando la luz apareció eran miles de cadáveres a mi alrededor, gritaban, rogaban por una salvación pero no podían tocarme, como si un vidrio les impidiera el paso, seguían gritándome, pedían ayuda, entonces escuché unos pasos, cada vez más y más cercanos, cuando levanté la mirada un hombre elegante, vestido como un caballero inglés, estaba frente de mí. No podía ver sus ojos pero sentía un peso en mi pecho.

-¿Qué haces aquí?-preguntó con una voz ronca.
-¿Eh?
-¿Qué haces aquí?
-Yo… no lo sé… Pero tengo que regresar, o si no ella me estará traicionando de nuevo.
-¿Ella? ¿Por qué?
-Ella es así, siempre que me voy lo ve, es su amante, lo sé. Tienes que dejarme ir. ¡Tengo que evitar que me traicione!
-¿Quieres ir a verla?
-Sí.
-¿Tanto la deseas?
-¡Sí! Ella… Ella es mía. Nadie que no sea yo puede mirarla. ¡Ella es mía!
-¿Quieres que sea solo tuya?
-¡Sí! ¡La quiero solo para mí!
-¿Qué sacrificarías por ella?
-¿Eh?
-¿Qué sacrificarías por ella?
-Todo. Daría lo que fuera para que sus ojos fueran míos, su cuerpo, todo fuera mío.
-¿La quieres toda? 
-¡Sí! ¡La quiero toda!
-No siento tu deseo. Necesito escucharlo.
-¡LA DESEO!-grité desesperado- ¡DESEO TODO DE ELLA! ¡LA QUIERO SOLO PARA MI!
-Bien. Puedes ir con ella.

Una puerta se abrió, era ella. Su silueta y aunque estuviera lejos sabía que era ella, su sonrisa se veía desde lejos. La quiero, la quiero solo para mí. Corrí hacia ella sin esperar, ella desapareció tras la puerta, en mi desesperación la seguí, seguí corriendo, corriendo, corriendo entonces alcance la entrada, esta vez no caí y entre pero cuando vi dentro, todas sus partes estaban ahí. Sus brazos colgandos, su tórax en el piso, sus ojos estaban en mis manos.

-Ella será tuya…-sonaba una voz de fondo- toda tuya… cada parte de ella te pertenece solo a ti.

Desperté, un grito me despertó de mi hipnosis, era ella, era mi hija… cuando miré en la cama, bajo el espejo estaba ella, descuartizada, sus ojos los tenía en mis manos. ¡No es cierto! ¡No es cierto! ¡Ella no! ¡Yo no!

-Sí… tú la querías toda
-¿De quién es esa voz? ¿Por qué?
-Tu quería que su cuerpo fuera tuyo, sus ojos, era lo que más amabas de ella. Ahora los tienes en las manos.
-¡Qué eres! ¡Yo no quería esto!
-¿No lo querías? Pero siempre fue así. Siempre la castigabas. Siempre… ella siempre fue tuya pero siempre la dañabas. Yo solo te di la voluntad para cumplir tu deseo. 
-¿QUÉ?
-La amabas tanto como para matarla.
-No… no….
-Disfrútalo… mi trabajo siempre será cumplir los deseos de las personas que me lo ordenan. 

No, ella no podía morir. No tiene el derecho. ¡Ella no tiene el derecho a menos que yo se lo pida! Ella no va a morir así. 

Fue cuando se levantó de la cama, con el cuerpo herido y sin ojos. Se acercó a mí, sonriendo. La sangre estaba saliendo de su boca cuando se acercó a mí, el hombre de traje apareció detrás de ella.

-Es toda tuya. Siempre fue tuya. 

Ella grito atacándome, volví a abrir los ojos, todo había sido un sueño cuando la escuché entrar. ¿Por qué me hizo esto? ¿Por qué? La golpeo una, dos, tres veces. No tiene derecho, ella no tiene derecho. Nadie puede reírse de mí de esa manera, no tiene derecho, ningún derecho. Entonces el hombre de traje apareció de nuevo, en la puerta, sonriendo, seguía sin poder ver sus ojos. 

-Ella es toda tuya-dijo sonriendo.
-Si… ella es solo mía.


Por: Brisa Enriquez (BAED)

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